Cuánto cuesta una web profesional y qué cambia el precio

Una web cuesta lo que cuestan sus contenidos y sus conexiones, no lo que cuesta su diseño.

Dos veces por semana alguien nos pide un precio por teléfono, antes de que sepamos nada del trabajo. La respuesta honesta es que todavía no podemos decirlo. Dos estudios pueden pedir 600 € y 3.000 € por lo que parece la misma web, y los dos pueden tener razón.

El coste de la web según el alcance

Qué mueve el precio, por orden de impacto

Este es el orden en que lo hablamos con cada cliente nuevo, y es más o menos el orden de peso sobre la cifra final. El diseño está mucho más abajo de lo que casi todo el mundo espera. Si sabes responder a estos cinco puntos antes de pedir un presupuesto, te llegarán números que se pueden comparar de verdad.

  • Cuántas páginas, y si los textos y las fotos ya existen. Cinco páginas con tu propio material son un trabajo distinto de cinco páginas en las que alguien tiene que escribirlos e ir a hacer las fotos.
  • Si vendes online, y cuántos productos y cuántas variantes. Treinta productos en una talla son un catálogo pequeño. Treinta productos en cuatro tallas y tres colores son trescientas sesenta cosas que hay que tener en almacén y en orden.
  • Cuántos idiomas. Cada idioma es contenido que alguien escribe y luego mantiene durante años, no un botón en una esquina. Un segundo idioma añade más o menos el trabajo de un tercio de la web.
  • Con qué tiene que conectarse: reservas, contabilidad, almacén, lista de clientes, newsletter. Cada conexión tiene que seguir funcionando cuando nosotros ya no estamos, y por eso cuesta más que una página.
  • Si quieres poder editarla tú después. Eso significa una estructura más simple, media hora de explicación y algunas protecciones, y conviene pagarlo si tus precios o tus novedades cambian a menudo.

La parte que todos olvidan: los contenidos

Casi todas las discusiones sobre un presupuesto que hemos visto empiezan aquí. El dueño compara dos precios por una web, y uno de los dos da por hecho que los textos y las fotos llegan por correo el primer día. Si eso no es verdad, las palabras las tiene que escribir igualmente alguien que entienda el oficio, y una mañana fotografiando la tienda la tiene que pasar igualmente alguien. Cuando un presupuesto parece rarísimamente bajo, casi siempre es esto lo que no incluye.

Ayuda saber cómo son los precios publicados. Los nuestros están en nuestra página de precios: una landing informativa de una página a 200 € el primer año como oferta de lanzamiento y luego 120 € al año; una web completa desde 890 €; una tienda online desde 1.900 €. Son cifras de partida para un alcance definido, y el alcance es toda la conversación. El desde de cualquier estudio es la versión en la que el material lo traes tú y no hay nada raro que conectar.

Las capas de trabajo detrás de un presupuesto

Qué pasa después de publicar

Una web no es una compra que termina el día que sale online. Cuatro cosas siguen costando dinero cada año, y las cuatro son pequeñas al lado del desarrollo. El problema no es la cifra. El problema es enterarse en el mes once en vez de en la primera semana.

  • El dominio, que es tu dirección en internet. Diez o veinte euros al año por uno normal. Más que el precio importa que esté registrado a tu nombre, para que te lo puedas llevar si cambias de estudio.
  • El hosting, el espacio donde vive la web. Entre treinta y unos cientos de euros al año, según la tienda y las visitas. Un hosting demasiado barato se nota como web lenta, y la lentitud es el único problema que tus visitantes sí notan.
  • Las actualizaciones. El programa que está detrás de la web recibe parches de seguridad, y alguien tiene que aplicarlos y comprobar que no se ha roto nada. En una tienda no es opcional, porque una tienda maneja dinero y direcciones de otras personas.
  • Los cambios pequeños durante el año: precios nuevos, una persona nueva en el equipo, las fechas de cierre, un producto que ya no existe. Deja claro antes si están incluidos, si van por horas o por paquete, y en cuánto tiempo se hacen.

Cinco señales de un presupuesto por las que vale pararse

Compara el alcance, nunca el total. Pon los dos presupuestos uno al lado del otro y hazles las mismas preguntas: qué está incluido exactamente y qué es extra, quién escribe los textos y quién hace las fotos, a nombre de quién están el dominio y la cuenta de hosting, cuál es el plazo de entrega y qué pasa si se retrasa. Si uno responde por escrito y el otro no, no estás mirando dos precios por la misma cosa.

Cinco cosas deberían hacerte frenar. Un presupuesto que no dice qué incluye. Un presupuesto que no dice quién escribe los textos. Un presupuesto que no dice nada del dominio ni de quién es su titular. Un presupuesto sin plazo de entrega. Y la promesa del primer puesto en Google, que nadie te puede vender, porque ese puesto no es de nadie. Ninguna de las cinco demuestra mala fe. Quieren decir que el trabajo todavía no está pensado, y las partes que faltan volverán después como extras.

Un año de mantenimiento después de publicar

En resumen

  • Una web cuesta lo que cuestan sus contenidos y sus conexiones.
  • Decide desde el principio quién escribe los textos y hace las fotos.
  • Cada idioma más es contenido que escribir y mantener durante años.
  • El dominio debe estar registrado a tu nombre, no del estudio.
  • Compara presupuestos por alcance y plazos escritos, no por el total.

Si quieres una cifra para tu caso, con el alcance puesto por escrito, se empieza por aquí: precios y paquetes.

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